Insatisfecho con tres carreras a medio andar y una veintena de empleos de todo tipo, intenté abrirme camino en el mundo del diseño freelance, abarcando desde identidad corporativa hasta desarrollo de sitios web.

Con la llegada de los primeros clientes, era imperioso tener tarjetas que estuvieran a la altura y así salir de lo típico, para poder diferenciarme de otros diseñadores. Cada imprenta que visité cerraba sus puertas ante mis solicitudes, por lo que no vi otra opción más que aprender a imprimir y hacer mis propias tarjetas. Así fue como encontré mi primera prensa tipográfica, comprada como chatarra, restaurada y puesta en marcha.

Después de todo el aprendizaje y gracias a la ayuda de Paul Kings y otras personas que me motivaron a dar el salto, abrí el primer taller en barrio Bellavista de Santiago, el año 2014.

Promover una técnica de impresión antigua y costosa, en un país donde no se le conoce, sin cartera de clientes y sin un ápice de talento para las ventas no es nada fácil, pero al menos encontré lo que haré el resto de la vida.

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